lunes, 18 de abril de 2011

ORIGAMI SAYONARA






El señor Hiroshi ultima con sus manos una escultura de papel con forma de cometa, lo hace de manera cuidadosa casi artística para que ningún detalle se escape y la armonía domine en el papel. Bajo su vista cansada repasa cada uno de los dobladillos, la geometría de cada lado del triángulo y la composición final. Su nieta, Toshiko, permanece fuera de la casa observando el mar a los pies del acantilado. El rostro delata la expresión de indignación y de respeto a la vez. Sopla el viento. Y murmura: he ofendido al mar. Al caer la noche, Toshiko entra en casa. El señor Hiroshi había preparado algo de comer. Mientras tanto, continúa su labor escultórica: un hermoso pájaro de papel con pico de grulla, Toshiko lo mira con detenimiento mientras mastica una albóndiga de tofu. Más tarde, se apagan las luces. Duermen. Mañana será un día duro. Al día siguiente, el señor Hiroshi continua con sus papelillos dando forma a una simpática rana, pero antes había esculpido una estrella de mar y un pez. Ahora se tienen que marchar y abandonar la casa. El señor Hiroshi se lleva consigo sus creaciones de papel bajo la atenta mirada de su nieta. Las pertenencias van en el maletero del coche. Al bajar al pueblo, todo es desolación. La costa ha desaparecido. Escombros y amasijo de hierros. Personas desorientadas deambulando en busca de su casa. Una adolescente llora en medio de la devastación mientras en el horizonte humea el pánico nuclear. Una anciana es rescatada. El señor Hiroshi apenas mira por la ventana. ¿ Ya hemos llegado? Si, abuelo. El anciano se baja del coche, coge sus papiroflexias y sin bastón llega hasta la orilla del mar, lanza los origamis y  los despide con una mano. Los origamis viajan en el mar en una ola que retrocede y avanza. Las figuras de papel se agitan en el mar como si saludaran  llevando escrito en su interior un haiku con una frase final. Te echaremos de menos. Sayonara. Toshiko & el señor Hiroshi