domingo, 24 de abril de 2011

SILLAS





Habitación vacía. Una silla. Sin barnizar. Sencilla y modesta, de madera, de pino. Perfecta y limpia. Tal vez joven. Viva. Con idea de futuro, con esperanza. A su lado unos hombrecillos le custodian, dormidos, amontonados unos encima de otros. Paso siguiente. Barnizar y listo. Un paso más. Una silla. Sin tapizar. Menos sencilla y más funcional. Perfecta y cómoda. Madura. Sólida. En su papel. A su lado los hombrecillos que la custodian se despiertan. Paso siguiente. A tapizar y listo. Habitación vacía. Una silla. Sin bruñir. Recargada y poco funcional. Vieja. Perfectamente oxidada. Moribunda. En el poder. A su lado los hombrecillos que la custodian se levantan. Después intentan empujarla. Resiste. Es tirana. Empujan de nuevo. Las patas arañan el parqué. Más hombrecillos se unen. Empujan otra vez. La silla se desplaza. Más hombrecillos se unen. Empujan otra vez. Las patas al fin se levantan. Más hombrecillos llegan... hasta que por fin consiguen derribarla. Vacío. Habrá que poner otra silla.
                                           
                                                                                     Inspirado en las revueltas árabes