miércoles, 12 de diciembre de 2012

TALLER DEL CUENTO

Enseñando a nuevos cuentistas a empezar... tleo.taller.literario@gmail.com / www.lapizceroediciones.es




domingo, 2 de diciembre de 2012

EMILE Y EL OSO






Bloques de hielo rompen el silencio ártico. Una pequeña avalancha de nieve entorpece las comunicaciones. La excavadora quitanieves permanece bloqueada a causa del mal tiempo. Un trineo anticipa la llegada de un hombre bamboleante que exhala abundante vaho por nariz y boca. Emile es un hombre recio y de espirítu risueño, sus silbidos resuenan en un eco con sordina al otro lado del valle. Su figura oscura se mueve con lentitud en la soledad del paraje. Pero Emile está contento, el vodka en sus carrillos sonrosados y una risilla hiposa le delatan. Un día de trabajo cualquiera. Sus crampones siguen las huellas de un oso que poco tiempo después desaparecen sin dejar rastro. Al filo del camino, se apodera del lugar un silencio aterrador 2, 3 segundos. ¿Dónde está el peligro? No parece suceder nada, Emile suelta un leve sonidito: uhuh. Emile decide continuar. En ese momento, unas fauces emiten un feroz sonido. Emile teme lo peor. Mira por el rabillo del ojo: un enorme oso polar, herido y con síntomas de desnutrición está tumbado sobre una movediza placa de hielo. Un grito de ayuda en medio de la nada. Emile lo observa con preocupación. Están solos y los témpanos de hielo pese al cielo gris están a punto de resquebrajarse. Emile no va a poder llegar a tiempo. Y al oso con su desamparo le espera la peor de las muertes posibles: la inanición. Entonces, Emile sin acercarse mucho le ofrece un trozo de su hogaza de pan . El oso le mira fijamente. Emile se lo lanza. Lo olisquea y lo devora con ansia. Mientras se entretiene masticando, Emile saca su termo de sopa bávara y con un pequeño hornillo hace una fogata. Se calienta y empieza a comer. El oso le mira hambruno pidiendo un poco más. Vuela otro trozo de pan. Emile saca de su zurrón un par de sardinas plateadas que nuevamente lanza a la plataforma. Así el oso en su témpano y Emile en el límite del valle sobrevivirán hasta que se produzca el deshielo. A la mañana siguiente, Emile y el oso atraviesan juntos el océano de adversidades que el destino les ha deparado en lugar tan hostil como bello. Los ojos de Emile se deslumbran con los primeros y tímidos rayos del alba. Llegarán a tiempo. Asegurando su supervivencia y la de su amigo el oso que se relame soñando quizá con brillantes focas tostándose al sol.

martes, 30 de octubre de 2012

LA BALADA DE LUCINDA GRAU





Las espirales concéntricas de tu cuchara en el café y las elipsis de tu mirada ausente me hacen recordar un tiempo de música de cuco y de peces flotantes con chinchetas de colores. Llueve tan fuerte que los relojes gotean nostalgia mientras creces pared a pared en un pequeño apartamento de extrarradio. Después de la huida... el barro parece que salpica los cristales. Pido la cuenta. Pero tú, callada, sigues sin inmutarte. Tus ojos negro azabache apenas tienen luz. Sólo un halo triste. El cuentakilómetros me lleva a lugares en los que tus 16 años se tiñen de pelo caoba, con camisa de cuadros y cargada con libros de segunda mano en un bolso hippie ya usado por mil batallas. De sonrisa franca por un mundo mejor....Qué ironías de la vida... Ya no hay mes de abril para ti, Lucinda. Estás pálida. Y apenas esbozas un gesto. La huella de la memoria cae en tu olvido. Has borrado el nombre de tus amigos y amores. Y casi el mío también... recorremos juntas el pasillo que nos conduce a la sala del juzgado. Un rictus de angustia se apodera de ti en cuanto cruzas el umbral de la puerta. Intentas expresar algo mientras la ansiedad se desmaya en tu cara. Cuando miras frente a frente a tu verdugo que ha destruido y anulado tu personalidad. Es duro pero hay que seguir. Aún con la lágrima contenida, me vienen imágenes de tu desesperación: de tu trabajo en trabajo, de tu soledad sin respuesta, de tu inestabilidad indefinida... y de los cuatros euros... siempre los cuatro cochinos euros que acaban por comprar nuestro silencio. Hasta hoy. El mazo del juez da comienzo para la cuenta atrás. Eres lo único que tengo, el caso más difícil de mi vida. Defenderé con la ley en la mano a la sangre de mi sangre hasta la última gota. Poco más me queda por hacer. De pronto te has despertado. Escuchas con atención el relato de los acontecimientos.  De su defensa y de mi acusación. Te aprieto suavemente la mano. Antes de que declares, te susurro: adelante.

martes, 23 de octubre de 2012

EL GATO CHISTÓN Y LA LUNA





La luna alumbraba versos de leche en el claro de un bosque; un gato chistón que llevaba una bufanda roja y que por casualidad pasaba por allí, no pudo dejar de escuchar a la improvisada rapsoda. El recitado le pareció tan ridículo que apenas pudo contener la risa. Mientras la luna deleitaba al mundo animal con sus inspirados poemas, el gato comenzó a parodiar su puesta en escena con gestos cómicos e incluso picantes, hecho que atrajo inmediatamente la atención de la concurrencia que se agolpaba para escuchar. Hizo las delicias del público moviéndose de aquí para allá, volteando su oronda barriga por el suelo y sin parar de reírse. La escena era tan contagiosa que la fauna disfrutaba del espectáculo. La luna herida en su orgullo optó por ocultarse. Después de un rato largo, el bosque quedó en silencio. Los animales habían vuelto a sus guaridas y el gato chistón que llevaba la bufanda roja regresaba a casa silbando en sentido inverso a como llegó. En esto notó que alguien o algo le observaba, al no ver a nadie soltó una risa nerviosa y continuó. Pero volvió a tener la impresión de que alguien le vigilaba, esta vez fue más rápido y pudo ver a pocos metros de distancia una enorme rodaja de sandía que se ocultaba entre los árboles. El gato se relamió y como tenía hambre acudió veloz a atraparla. Del salto que dió creyó dar un mordisco a la sandía, pero se encontró con que sus patas bicicleteaban el aire y cayó de inmediato al agua fría de un lago. El gato quiso nadar mas no sabía, pidió ayuda mas nadie le escuchó. Y se hundió lentamente burbujas abajo pereciendo congelado minutos después. Mientras tanto, la enorme rodaja de sandía esbozó una pícara sonrisa de luna llena, que susurraba versos de leche en el claro del bosque y que lucía ufana una bufanda roja alrededor de su brillante esfera.

martes, 16 de octubre de 2012

YOYO




Yoyo bajaba desde el ocaso azul de las montañas hasta el verde valle del amanecer. Con su mochila a la espalda y una sonrisa infantil en los labios miraba el mundo con asombro e ingenuidad aventurándose por paisajes desconocidos e inciertos para él. Pero no se arredraba ante nada ni ante nadie. Cuando llegó a una desoladora llanura de lo que parecía era una gran urbe, se dedicó a observarla detenidamente. La llanura aún humeaba hogueras de libros calcinados y los ordenadores que las presidían emitían ondas de encefalograma plano mientras las mentes azules patrullaban el pensamiento único. Un diminuto pájaro osó posarse en su hombro izquierdo. Le picoteó y Yoyo le respondió con suaves caricias. ¿A este lugar le falta poesía, verdad? El pájaro piaba como si asientiera. Yoyo cogió un bloc de notas de su mochila y comenzó a escribir. Las palabras se las llevaba el viento y se dispersaban ávidas de libertad por toda la urbe, que oxigenaban a pleno pulmón la vida. Un murmullo se escuchaba por todas partes. La gente invadía las calles dejando una estela de color y utopía. La música se colaba por los tímpanos de la realidad que eran de acero inoxidable y hacían vibrar el yunque y el martillo en múltiples decibelios. Yoyo se alegraba del efecto causado y dejó unas cuantas palabras más a fin de que la propia gente las dejara crecer y construyera así su propia idea de futuro. Ahora debía marcharse, le esperaban otros lugares más inhóspitos e inciertos por explorar. Sentía pena, pero no estaba solo. El diminuto pájaro que osó posarse en su hombro izquierdo le acompañaría amistoso en su larga travesía por todo el ancho e infinito mundo.

martes, 9 de octubre de 2012

SPIRITUAL






El azúcar expande nuestro universo. Dos soles nacen en la palma de mi mano. El ADN universal surge en cualquier esquina. Los colores. Las líneas de fuga. Los fagots desafinados. Trazos de pincel. Murales. Graffitis. Nuestros cromosomas vuelan como versos a rayas viajando a años luz. 

El azúcar expande nuestro universo. Dos lunas nacen en la palma de tu mano. El ADN universal surge en cualquier esquina. Los sabores. Los espacios vacíos. Las trompetas cacofónicas. Golpes de cincel. Esculturas. Jeroglíficos. Nuestros cosmosomas vuelan como palabras redondas viajando a años luz.

La cápsula del tiempo golpea las constelaciones, y zigzaguea entre las galaxias donde el genoma humano juega y burbujea lleno de alegría.
  
La basura satelital y plástica interfiere en el transcurso de los cúmulos nimbos, listos para llover puntillismos de plata. Las gotas acarician mis pestañas que miran al infinito y boca arriba el maná con forma de tú, se acerca a mis labios húmedos y vibrantes.
 
Vi-bré      Vi-bras-te     Vi-bra-mos.

Tu luna y mi sol entrelazan nuestras manos en mitad de un cielo pop de estrellas fugaces y menguadas. Mientras la cápsula del tiempo estalla en un cóctel de frutas tropicales donde, la paz, el amor y la armonía llegan al planeta rojo después de 100 años en hibernación.




lunes, 1 de octubre de 2012

EUFORIA








Puntadas de hilo a color y unas tijeras dan forma al patronaje. Una tela prendida por alfileres se ajusta perfectamente al maniquí. Olga repasa concienzuda el último pespunte. Los sombreros años 20 del escaparate, están haciendo furor en el vecindario. Pero nadie se atreve a entrar en la tienda a probárselos. Quizá sea por la novedad. Habrá que darle tiempo. Las primeras luces anticipan la noche y Olga tricota en su taller originales vestidos sin descanso: un nido de avispa, un traje mariposa o un palabra de honor insecto-palo... listos para la nueva temporada. A medianoche a punto de cerrar la tienda Olga se encuentra sobre la acera una bovina de hilo dorado. ¿Quién lo habrá puesto allí? ¿Será de alguien del vecindario? Lo recoge y sin decir nada a nadie se lo guarda en el bolsillo. A la mañana siguiente, Olga comienza a coser con la bovina de hilo dorado, ahora sus puntadas parecen tener un halo mágico y los diseños de sus sombreros cobran vida propia. Adoptan un nuevo estilo: plumas de perdiz, hojas de otoño, moras del bosque... El hilo mágico borda con rapidez todas las ideas más novedosas e imposibles. Los expone en el escaparate y el éxito es casi instantáneo. La clientela es de lo más variopinta y está eufórica ante las nuevas creaciones. Un buen día un enigmático cliente hace su aparición en la tienda. Se prueba varios sombreros. Y pregunta: perdone, señorita ¿tiene usted un modelo de ala de mosca? Si, aquí tiene en este estante. ¡Hey! Muchísimas gracias. Y sin decir nada más, se marcha volando. Olga está atónita por lo sucedido: sobre la mesa hay una nueva bovina de hilo pero esta vez es de plata. Por la noche tricota nuevos diseños sin descanso. Los diseños de sus zapatos cobran vida propia y las puntadas mágicas inventan cuñas-corteza, adornos azul colibrí o lazos de lavanda... A medianoche a punto de cerrar la tienda miles de hilos invisibles rodean a Olga que maravillada intenta alcanzarlos, los hilos la elevan hacia los tejados del vecindario llevándola hacia un lugar remoto. Un bosque encantado donde la luciérnaga con sombrero de ala de mosca le da la bienvenida. Los pétalos de flores se abren en un abanico multicolor mientras los animales impecablemente vestidos reciben eufóricos a la costurera mágica.

jueves, 20 de septiembre de 2012

DIVINA




Frente al espejo las sombras poliédricas emergen desmaquillándose el rímel, aunque mi ceja izquierda diga lo contrario las mil caras que proyectan son sólo un simulacro de lo que yo soy. Tan distante de ti tan cerca de mi pero siempre divina. El ruido de tramoyas no alteran mi silencio ante el tocador. Mis ojos se entornan cuando se apagan las luces, una a una. Y el último destello se quedará aquí, para siempre. Me despido en lo más alto. Con mi ceja izquierda arqueada sirvo una venganza en un plato muy frío, una sonrisa eterna o una emoción triste. Tan distante, tan cerca. Simplemente divina.

domingo, 16 de septiembre de 2012

SORGO DULCE






Las inundaciones asolan mi pequeña granja en Patna. Mis parientes han desaparecido y las piraguas que se deslizan por el Ganges están atestadas de gente que no conozco. No hay nada ni nadie que me retenga aquí. Recogeré mis escasas pertenencias y emigraré hacia el sur, hacia los abundantes campos de arroz de Andhra Pradesh. Om namah shivaia. Mis pies siguen el curso del río Ganga y atraviesan ligeros los caminos que me llevan hacia Jharkhand. En la capital hay numerosas tiendas de rotis. Pero no tengo ni una rupia para comprar nada. Así que sólo comeré algo del arroz que traje conmigo. Ahora debo ir al templo hacer una ofrenda a Shankara y pedirle su protección contra los ladrones y la noche oscura a fin de poder llegar a mi destino. También que cuides de mi hijo Varen. Y agradecida por tus bendiciones deposito algunas semillas en el lingam. Y rezo. Om namah shivaia. El sol se baña en un horizonte dorado. Regreso a los verdes campos de mi infancia. El tráfico y los olores del mercado me recuerdan que estoy en Bhubaneswar. Veo el rostro de mi hermana entre la multitud. Apenas me reconoce. Pero al instante, se dibuja una sonrisa en su cara. Ven conmigo. Entra y descansa un poco. Escucho a los niños cantar la lección del día. ¿Y Varen? Lo envié a Nueva Delhi, está en la universidad. Estudia medicina. Es muy listo. Ah, entonces va ser alguien importante, como tú. ¡Qué cosas dices! ¿Qué te trae por aquí, hermana? Las inundaciones, la granja... voy hacia el sur. ¿Hacia los campos de arroz,? Si. Hum, veré lo que puedo hacer. Om namah shivaia. El traqueteo del tren me lleva hasta la frontera con Orissa. Hace un calor insoportable. Pero llegaré pronto a Hyderabad. ¿De dónde vienes, hija? Vengo de Patna, señora. ¿Eres Dalit? No, no nada de eso.  La señora Lakshmi vuelve a escrutar con detenimiento mis relucientes semillas de sorgo. ¡Son de excelente calidad! Puedo sembrarlas en la tierra, señora, estoy acostumbrada. La señora Lakshmi consulta con el sangham de mujeres. Eso ya lo hacen los hombres. Mejor te encargarás del abastecimiento e intercambio de semillas. Te daremos un pequeño préstamo para que comiences a trabajar. Gracias, señora. Será una cosecha muy dulce. Eso espero, sí cuando pase la sequía. Y dicho esto, comienza a diluviar sobre la ciudad. Om namah shivaia.

domingo, 2 de septiembre de 2012

A BARLOVENTO





Insufla el velamen a barlovento y escora a tu izquierda la embarcación. Aléjate de los bosques sagrados de laurisilvas. Del guarapo, de las chácaras, de la humedad de la isla. De sus terrazos agrícolas y hambrientos. De lo tortuoso de sus caminos. De su silbo canario que de punta a punta canta mensajes cifrados. De los ojos del tío Brito. De las manos del artesano. De la luz guanche de su paisaje. De su gente. De tu padre. De tu madre. De las papas arrugadas y el gofio amasado. Y el color volcánico de tu carácter. Lindo canario. Huye a través del Atlántico. No dejes que el siroco arrastre tu embarcación. Sigue la ruta de los conquistadores. Llegarás a la tierra soñada. Fondearás en islas de cañas de azúcar y ron y derramarás sangre mambí en cruel lucha fratricida. Sigue la ruta de los expedicionarios. Los huracanes rasgarán el velamen y el hambre caníbal te acechará en tierra firme. Pero no temas. Nada te sucederá. Cuando pases por San Antonio acuérdate de la Virgen de la Candelaria y continúa tu viaje hacia el sur. Desperdígate por tierras americanas, mézclate con sus gentes y olvida tu infortunado sino. Pronto descubrirás un irreal cielo azul que te hará recordar quién eres. Al cabo del tiempo regresarás tropical, arauco o mestizo e izarás el velamen y a barlovento girarás a izquierda rumbo al archipiélago. Te recibirá la roca terciaria y sus órganos del mar te acabarán arrastrando hacia la orilla. Las casas, a sotavento casi no las reconocerás. Ha pasado tiempo... Saltarás pértiga a pértiga los profundos barrancos y recorrerás palmo a palmo los valles de plataneras. Volverás al millo y a las chácaras, a tu infancia. A la laurisilva. A tu polvo, a tu nada. A tu ceniza volcánica. A tu carácter. Lindo canario...

martes, 10 de julio de 2012

AKAME Y MEI





Unos palillos remueven y estiran noodles en un bol. Están listos los yakitoris de pollo a la salsa. Faltan las trufas que aderezarán el plato de un pez mantequilla. Una cucharadita de caviar. Llaman al timbre. Abren la puerta. Un hombre de negro se presenta y señala un papel. Las dos inquilinas dicen que sí. Entra y toma asiento. Y pide un té verde. Sobre un mantel de pétalos de cerezo Akame firma una rubrica silenciosa. Una palabra pintada en un hermoso jarrón japonés hipnotiza al hombre de negro que se levanta para indagar. Mei se apercibe de ello y hace una señal al chef. A la altura del jarrón el hombre descubre sobre un aparador varios pergaminos bellamente pintados. Cuando intenta tocarlos, desaparecen. Confundido, decide indagar más. Una lluvia de pétalos blancos cae sobre él. Entra en un croma azul. Los almendros de Sakura y la épica de los 7 samuráis pasan en 3d ante sus ojos. Un breve interludio chill out. Las luces se tiñen de un tono violáceo. Oscuros dibujos manga le hacen retroceder. Intenta huir. Pero una katana le corta el paso y le siega la vida. El rojo Fuji de Hokusai. Las luces cambian a suaves. La pantalla táctil muestra las letras del pergamino mientras se escucha una etérea nana de Itsuki. Agua. Limón. Soja. Tomate. Akame cuece noodles en un bol. Mei trocea aguacates que acompañan a un sabroso maguro. Una mano misteriosa eleva la temperatura de la cámara frigorífica a –40ºC. Llaman a la puerta. Otro hombre de negro aparece. Les señala un papel, se sienta y pide un té rojo. Akame firma una rubrica silenciosa. Hace otra señal al chef. El hombre fija la mirada en la minimal letra del jarrón japonés. Se levanta y descubre los pergaminos encantados. Intenta atraparlos pero desaparecen. Se adentra más y una puerta se cierra tras él. Mei cambia los papeles firmados por otros de satén y los introduce en un sobre etiquetado. Abre la puerta y lo mete en un buzón de correos. Al entrar, cambia el precinto de clausurado en la puerta y pone el cartel de “abierto”. El restaurante Ocko permanece en silencio en medio de ninguna parte. Poco después, se ilumina con brillantes lámparas de papel cuando de manera definitiva cae la noche.

lunes, 2 de julio de 2012

MARINE




Perlas habitan el fondo marino de mi bañera. Traigo algunas conchas milenarias que arranqué al mar. Enséñame tu la otra orilla. Cuéntame cómo se encienden las estrellas de papel cuando oscurece. Bossa Nova. Nadamos en una Nouvelle Vague. Las oigo titilar. Me gustan tus rayas azules. Te presto mis dibus de grifos. A ver si me atrapas. En el profundo azul buceamos. Déjame escapar. Besas mis labios de corola. La espuma crece. Nos rodea. Las perlas suben a superficie. Y entonces, la bañera se desborda.

viernes, 15 de junio de 2012

SIEMPRE ES VIERNES





Labios de caramelo uñas de laca azul. Terciopelo en las pestañas. Una suave brisa de pincel en las mejillas. El eyeliner que amplia los ojos y la mirada sexy ante el espejo. El jersey de cuello alto y el pichi escocés. Los zapatos de tacón que nunca me quedarán bien porque son de una amiga que usa el nº 37. No me van a quitar las ganas de divertirme. El calimocho entre los pies. Música todavía del transistor al Cd. Medias rotas adrede o no. De fantasía. De colores. Un poco recamié. La risas grandes en un coche lila y estrecho. Los sándwiches de madrugada para combatir la borrachera. Y el periplo del Warhol´s al extrarradio. De Huertas al extrarradio. De vuelta. ¿Te acuerdas? De las tardes de café a los pitillos negros de vainilla. Y las penas de golosina y los problemas de algodón. Las pizzas están a medio terminar... Las claritas con limón nos han puesto nostálgicas. La adrenalina ahora inyecta nuestras uñas de rojo, rosa, naranja, azul y amarillo. La sonrisa aflora de nuevo. La energía que desprendíamos entonces. Cuando divertirse no era una rutina impostada. Ni una alienación. Vibrábamos. Así que hazme caso, ponte tu mejor vestido de fiesta. Súbete a los stilettos. Y vámonos a bailar. Quememos nuestros últimas balas de plata de juerguistas trasnochadas. Porque siempre será Viernes. Eternamente Viernes. Aunque hoy sea una noche de domingo.

domingo, 27 de mayo de 2012

CONSAGRACIÓN


El universo en tus ojos. La bruma al final del muelle. El recodo en cada esquina. La curvatura del zapato y su tiempo circular. La manija de la bicicleta y el banjo a la espalda. Los días perdidos en el calendario lunar extrañan tu música de espiga y amapola. Silbas para acallar el miedo. Ni las gotas de lluvia empañan la lupa por donde ahora te observo. El viento norte y arterial no te detendrá. Más bien acortas distancias. Aún llueve: nubes pastel, ánimo sepia. Estrofas de miel en el balanceo de los días. Derrapas en círculo en busca de primaveras perdidas. Con la sonrisa en la boca, aceleras en el último tramo. El tiempo circular. La curvatura del zapato. El recodo en cada esquina. La fortuna.

Las flores de Baco. Las musas te emborrachan, Adolfo Bz con canciones de flowers y birds, que acompañas con los pies. Los aplausos del vecindario también se suceden en el jardín de las Delicias. Como un Woodstock improvisado. Pedaleas. Los paisajes vuelan a la velocidad del tren, se mezclan con la estación del trigo, la hoja de otoño y la gelidez... Regresas a la primavera. No la retengas. Sorprende a la noche con tus poemas de escarcha. Sorprende al día con tus baladas naranja.

Derrapas de nuevo en círculo. Aceleras en el último tramo. Te fusionas con el arco iris e inundado de color. Pedaleas. No mires hacia abajo. El contraste es el gris abismal. Disfruta del paseo por las nubes. Hay infinitas vistas por explorar. No te demores. Entra en mi pecho. Húndete en mi interior. Navega por él a través de mi buque insignia. Mira por la escotilla: chapotean mis remos en el agua de cristal. Caracoles siderales te guiarán hacia la Vía Láctea. Ahora viaja hacia el vacío. Eres casi invisible. Ya no puedes dormir. Sueñas despierto con amantes psicodélicas que incendian tu deseo sin parar. Estás en la quinta dimensión.

Los dioses te escuchan. Deposita ya tu bicicleta en mi costado. Afina tu banjo, medita los acordes y las estrofas repetidas. Regálanos los oídos, Adolfo Bz. Rapsoda de primaveras perdidas. Yo pongo el ditirambo y la cadencia. Tú las canciones de los pájaros que acompañas con los pies. Me ofreces tu escarcha y tus naranjas. Tu amapola y tu espiga. Con el universo en tus ojos, te consagro bajo mi manto de lavanda tu merecida corona de laurel.

martes, 1 de mayo de 2012

NEURONAS






La nada no existe. Nuestros puntos cardinales son parpadeos de colores, mi pestaña azul, tu boca roja. Mi melena neuronal y tu pelo eléctrico se conectan a un servidor cósmico y a otros puntos cardinales que también se atraen y se aman. Mi deseo es igual a tu deseo en espejo. Y los alaridos en escalas van del do al si, del do al do, del no no si si do si... en infinitas combinaciones donde eclosiona un orgasmo de banda sonora original y las notas salen disparadas del pentagrama una a una para retroalimentar el espacio que las expulsa y aniquila. El amor secreta sexo. Nuestra complicidad es fálico-vaginal. Mis neuronas Gandhi escuchan tu respiración en mi cuello, mientras tu sudor jadea en mi almohada e inunda el placer en mi boca. Boom, boom, boom. Tus arpegios en la noche puntean las cuerdas de mi guitarra. Y tu saxo se estremece entre mis manos. Mi pestaña azul, tu boca roja. Nuestros puntos cardinales son parpadeos de colores conectados a otros puntos cardinales que también se atraen y se aman. Mi melena neuronal y tu pelo eléctrico flotan en la felicidad cósmica. Visual Love. La nada no existe. Pero sí nosotros dos.

martes, 17 de abril de 2012

CLOROFILA





He viajado durante siglos a través de los centenarios robles de Entzia, ascendido por los gigantescos bambués de Kyoto, dado color a los paisajes naranjas y ocres de New Hampshire, penetrado en las raíces profundas de los manglares eurasios y subsistido bajo la ceniza volcánica del Puyehue. Desde lo más profundo de la Tierra. Fotosintetizo mis cloroplastos con el frescor del rocío y tiño las hojas en tonos rojos y azulados. El agua reverbera los colores. Las radiales de la palmera ramifican mi espíritu múltiple y el musgo rocoso me indica su sed constante de lluvia. El giro inesperado de un tucán. La piel deslizante de la anaconda y el camuflaje verde del guacamayo me hacen subir a la superficie, siempre guiada a través de la luz solar que se esconde detrás de mis pigmentos ancestrales. Soy mundo. Y un impulso tribal me hace correr ríos de sangre hermana jungla arriba, jungla abajo para taponar la herida alucinógena. El magnesio que desprendo lo inunda todo y se anticipa como linfa antiviral para devolverme mi verde originario. Prometo que os cegaré con fosforescente amarillo para que podáis sentir la brutalidad de vuestros actos. Todo se ilumina. Solo puedo ver a través de mi. Mi propio líquido llega hasta tu voz. El grito yanomami corta el centro de mi universo, el epicentro de mi árbol, la savia que responde, que supura y que no se para... recorre los siglos a través de los centenarios robles de Entzia, asciende por los gigantescos bambúes de Kyoto, da color a los paisajes naranjas y ocres de New Hampshire, penetra en las raíces profundas de los manglares eurasios y subsiste bajo la ceniza volcánica del Puyehue.

Desde lo más profundo de la Tierra.

Un grito de deseperación : ëaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

lunes, 19 de marzo de 2012

CARLOTA LINDBERG




Los folios caían al suelo como octavillas impresas. Aún con la ventana abierta declaraban la guerra al viento y permanecían inmóviles en el entarimado del piso. La Olimpia chasqueaba dedos. Y la brillante carcasa reflejaba un esmalte de uñas. El silencio inquietaba la habitación y el golpeteo de las teclas se convertía en una angustiosa certeza. De repente, la máquina paró. El cielo gris presagiaba una lluvia de obuses. Sirenas. Carlota Lindberg se ocultó en la trampilla del subsuelo. Allí continuó escribiendo en la brillante Olimpia mientras la oscuridad se adueñaba de todos sus habitantes. Los toques de queda poblaron oscuras historias en los diarios. Y el miedo y el pillaje se apoderaron de la ciudad-guetto. El muro de las lamentaciones se arrastraba por las calles y la libertad encadenada abandonaba lentamente la ciudad. Las avestruces ocultaban su cabeza en la tierra y los monstruos hacían de las suyas buscando, quizá, la rendición de todo género humano. El tiempo volaba rápido. Carlota Lindberg y su sueño de polizonte se escenificaba con el humo de un cigarrillo sacado de una película negra de serie B o C. Los chasquidos de la máquina descifraban la noche. Los dedos incansables acumulaban horas, horas y más horas. Y el insomnio se ahogaba en una copa de whisky. 50 pavos por noche no están nada mal si trabajas de "negro". Pero su determinación y pasión eran cada vez más fuertes. De pronto, un obús impactó en el edificio y el mundo se fundió en negro. Los escombros no perdonaron a nadie, salvo a la vieja Olimpia que 65 años después sin apenas rasguños preside la mesa de mi despacho al ritmo de un charleston que suena divertido en un gramófono que seguramente también perteneció a Carlota Lindberg.

jueves, 16 de febrero de 2012

SHO YU




Las nubes Yun atraviesan el antiguo cielo de nuestros antepasados y los cerezos ya primaverales se estremecen por el aleteo de la brisa que también agita las hojas verdes de los sauces. El administrador Wang Xianchen está cultivando orquídeas en su jardín del Este. Las mariposas jade revolotean a su alrededor y el trino celestial de los pájaros subrayan el equilibrio cósmico del Loto. Las peonias rojas despliegan sus pétalos y se ofrecen a su humilde jardinero. A Wang Xianchen la contemplación de la Naturaleza le transporta al sonido cristalino del agua. A un estanque de nenúfares que le hace descubrir una peonia blanca y solitaria. Pequeña, fuerte y distinta. Una especie foránea. Xianchen se acerca y la observa con detenimiento. Sus pétalos están cerrados pero desprenden un suave olor. Xianchen enternecido con su nueva flor se retira a sus aposentos pensando en los cuidados que le prodigará para que florezca. Esa misma noche un espíritu burlón inquieta el plácido sueño de Xianchen: su alma divaga por las estancias de su inmenso jardín, hasta llegar a una hermosa pradera donde una voz le susurra al oído: " Sho Yu", " Sho Yu", " Sho Yu". Xianchen se despierta de repente e intrigado corre al jardín. Cuando llega a la pradera  no ve a nadie. Pero el espíritu burlón le juega otra mala pasada. Aaaah! Ahora ve a una mujer vestida con un rico traje imperial. Le habla. " Xianchen, humilde jardinero, en pago a tus buenos servicios se te obsequia con una peonia real para que la cuides en tu hermoso jardín. Hazlo con esmero ya que es muy especial. Deberás regarla tres veces al día, acariciarla otras tres y pronunciar su nombre tres veces en tres melodías diferentes acompañado de un láud de sólo tres cuerdas. Así al cuarto día, tu preciosa peonia habrá florecido". Xianchen asiente. La mujer se esfuma y Xianchen piensa que los espíritus le han gastado una broma pesada, pero áun así cumplirá el mandato. Durante tres días con sus tres noches Xianchen la riega, la mima y la canta y pronuncia tres veces su nombre acompañado de un láud de sólo tres cuerdas. Al cuarto día, Xianchen  acude al estanque de nenúfares para ver si su nueva peonia ya ha florecido. Pero en lugar de la peonia blanca encuentra a una hermosa joven que le mira fijamente, lleva entre sus manos unas orquídeas blancas: soy Sho Yu ( "La más bella" ) y te doy las gracias. Xianchen se ruboriza e inclina las cabeza. Acto seguido, les llueven cientos de flores, las rojas peonias imperiales les hacen un cálido pasillo. Xianchen y Sho Yu presentan sus respetos a la Emperatriz y esta enlaza sus manos. Los espíritus de la noche desaparecen entre las nubes Yun tras el cielo antiguo de los antepasados.

lunes, 9 de enero de 2012

MOLECULAR






Gelificación. Soy plasticidad en el líquido amniótico. Anfibios moleculares me observan, centellean como espasmos y desaparecen. A mis pies crece una espuma que me cubre los muslos hasta llegar al pubis. El nacimiento de Venus. Mis tirabuzones se desprenden en rizos que uno a uno vuelan juguetones en mi pompa de oxígeno. Con levedad reverbera y quiebra el cristalino que lo protege. Mi cordón umbilical me impulsa hacia fuera. Todo es agua. Tendré que aprender a respirar. Todo es gelatina. Tendré que aprender a saborear. La presión tapona mis oídos. Mis ojos oblicuos apenas ven un cigoto. Pero unos cálidos anfibios de piel irisada me hacen señales de guía. Les imito y braceo. Supongo que esto es nadar. Me asomo a la superficie y tanteo la pared de un organismo vivo que inspira y exhala. Otras moléculas trabajan. Vuelvo a la profundidad, en las sienes ya no hay presión. Mi cordón umbilical se ha independizado. Toco suelo. Ectoplasmas y arterias vaso conductoras me dejan sola en un transparente azul cielo. Me pongo a bailar. Y giro, giro, giro. Y me sumerjo, me sumerjo, me sumerjo. Y toco, toco, toco. Aprendo a tocar. Mi piel de escama marina tropieza con una superficie grumosa. Me raspa y goteo hemoglobina. Lo observo con curiosidad. Un coágulo espía emite sonidos casi imperceptibles. Escucho. Aprendo a escuchar. Los sensores me arrastran a una pared opaca. Humedad. Rebabas de humedad chorrean de las carnosas oquedades: una emboscada. Un enorme goterón casi me alcanza. Me encuentro a un solitario anfibio e intento atrapar su cola pero se escapa. Voy tras él. Tras unas finas membranas blancas: una forma plástica, ojos oblicuos, piel de escama. ¿Tú? Huelo a mar. Te huelo y aprendo a oler un eau d´été embriagador. Me fundo te fundes. Entonces, un anfibio veloz se desliza entre mis piernas. El coágulo espía se fecunda. Una perla refulge en un coral. Una luz. El cigoto por fin se descongela.