domingo, 27 de mayo de 2012

CONSAGRACIÓN


El universo en tus ojos. La bruma al final del muelle. El recodo en cada esquina. La curvatura del zapato y su tiempo circular. La manija de la bicicleta y el banjo a la espalda. Los días perdidos en el calendario lunar extrañan tu música de espiga y amapola. Silbas para acallar el miedo. Ni las gotas de lluvia empañan la lupa por donde ahora te observo. El viento norte y arterial no te detendrá. Más bien acortas distancias. Aún llueve: nubes pastel, ánimo sepia. Estrofas de miel en el balanceo de los días. Derrapas en círculo en busca de primaveras perdidas. Con la sonrisa en la boca, aceleras en el último tramo. El tiempo circular. La curvatura del zapato. El recodo en cada esquina. La fortuna.

Las flores de Baco. Las musas te emborrachan, Adolfo Bz con canciones de flowers y birds, que acompañas con los pies. Los aplausos del vecindario también se suceden en el jardín de las Delicias. Como un Woodstock improvisado. Pedaleas. Los paisajes vuelan a la velocidad del tren, se mezclan con la estación del trigo, la hoja de otoño y la gelidez... Regresas a la primavera. No la retengas. Sorprende a la noche con tus poemas de escarcha. Sorprende al día con tus baladas naranja.

Derrapas de nuevo en círculo. Aceleras en el último tramo. Te fusionas con el arco iris e inundado de color. Pedaleas. No mires hacia abajo. El contraste es el gris abismal. Disfruta del paseo por las nubes. Hay infinitas vistas por explorar. No te demores. Entra en mi pecho. Húndete en mi interior. Navega por él a través de mi buque insignia. Mira por la escotilla: chapotean mis remos en el agua de cristal. Caracoles siderales te guiarán hacia la Vía Láctea. Ahora viaja hacia el vacío. Eres casi invisible. Ya no puedes dormir. Sueñas despierto con amantes psicodélicas que incendian tu deseo sin parar. Estás en la quinta dimensión.

Los dioses te escuchan. Deposita ya tu bicicleta en mi costado. Afina tu banjo, medita los acordes y las estrofas repetidas. Regálanos los oídos, Adolfo Bz. Rapsoda de primaveras perdidas. Yo pongo el ditirambo y la cadencia. Tú las canciones de los pájaros que acompañas con los pies. Me ofreces tu escarcha y tus naranjas. Tu amapola y tu espiga. Con el universo en tus ojos, te consagro bajo mi manto de lavanda tu merecida corona de laurel.