domingo, 2 de septiembre de 2012

A BARLOVENTO





Insufla el velamen a barlovento y escora a tu izquierda la embarcación. Aléjate de los bosques sagrados de laurisilvas. Del guarapo, de las chácaras, de la humedad de la isla. De sus terrazos agrícolas y hambrientos. De lo tortuoso de sus caminos. De su silbo canario que de punta a punta canta mensajes cifrados. De los ojos del tío Brito. De las manos del artesano. De la luz guanche de su paisaje. De su gente. De tu padre. De tu madre. De las papas arrugadas y el gofio amasado. Y el color volcánico de tu carácter. Lindo canario. Huye a través del Atlántico. No dejes que el siroco arrastre tu embarcación. Sigue la ruta de los conquistadores. Llegarás a la tierra soñada. Fondearás en islas de cañas de azúcar y ron y derramarás sangre mambí en cruel lucha fratricida. Sigue la ruta de los expedicionarios. Los huracanes rasgarán el velamen y el hambre caníbal te acechará en tierra firme. Pero no temas. Nada te sucederá. Cuando pases por San Antonio acuérdate de la Virgen de la Candelaria y continúa tu viaje hacia el sur. Desperdígate por tierras americanas, mézclate con sus gentes y olvida tu infortunado sino. Pronto descubrirás un irreal cielo azul que te hará recordar quién eres. Al cabo del tiempo regresarás tropical, arauco o mestizo e izarás el velamen y a barlovento girarás a izquierda rumbo al archipiélago. Te recibirá la roca terciaria y sus órganos del mar te acabarán arrastrando hacia la orilla. Las casas, a sotavento casi no las reconocerás. Ha pasado tiempo... Saltarás pértiga a pértiga los profundos barrancos y recorrerás palmo a palmo los valles de plataneras. Volverás al millo y a las chácaras, a tu infancia. A la laurisilva. A tu polvo, a tu nada. A tu ceniza volcánica. A tu carácter. Lindo canario...