domingo, 16 de septiembre de 2012

SORGO DULCE






Las inundaciones asolan mi pequeña granja en Patna. Mis parientes han desaparecido y las piraguas que se deslizan por el Ganges están atestadas de gente que no conozco. No hay nada ni nadie que me retenga aquí. Recogeré mis escasas pertenencias y emigraré hacia el sur, hacia los abundantes campos de arroz de Andhra Pradesh. Om namah shivaia. Mis pies siguen el curso del río Ganga y atraviesan ligeros los caminos que me llevan hacia Jharkhand. En la capital hay numerosas tiendas de rotis. Pero no tengo ni una rupia para comprar nada. Así que sólo comeré algo del arroz que traje conmigo. Ahora debo ir al templo hacer una ofrenda a Shankara y pedirle su protección contra los ladrones y la noche oscura a fin de poder llegar a mi destino. También que cuides de mi hijo Varen. Y agradecida por tus bendiciones deposito algunas semillas en el lingam. Y rezo. Om namah shivaia. El sol se baña en un horizonte dorado. Regreso a los verdes campos de mi infancia. El tráfico y los olores del mercado me recuerdan que estoy en Bhubaneswar. Veo el rostro de mi hermana entre la multitud. Apenas me reconoce. Pero al instante, se dibuja una sonrisa en su cara. Ven conmigo. Entra y descansa un poco. Escucho a los niños cantar la lección del día. ¿Y Varen? Lo envié a Nueva Delhi, está en la universidad. Estudia medicina. Es muy listo. Ah, entonces va ser alguien importante, como tú. ¡Qué cosas dices! ¿Qué te trae por aquí, hermana? Las inundaciones, la granja... voy hacia el sur. ¿Hacia los campos de arroz,? Si. Hum, veré lo que puedo hacer. Om namah shivaia. El traqueteo del tren me lleva hasta la frontera con Orissa. Hace un calor insoportable. Pero llegaré pronto a Hyderabad. ¿De dónde vienes, hija? Vengo de Patna, señora. ¿Eres Dalit? No, no nada de eso.  La señora Lakshmi vuelve a escrutar con detenimiento mis relucientes semillas de sorgo. ¡Son de excelente calidad! Puedo sembrarlas en la tierra, señora, estoy acostumbrada. La señora Lakshmi consulta con el sangham de mujeres. Eso ya lo hacen los hombres. Mejor te encargarás del abastecimiento e intercambio de semillas. Te daremos un pequeño préstamo para que comiences a trabajar. Gracias, señora. Será una cosecha muy dulce. Eso espero, sí cuando pase la sequía. Y dicho esto, comienza a diluviar sobre la ciudad. Om namah shivaia.