martes, 9 de octubre de 2012

SPIRITUAL






El azúcar expande nuestro universo. Dos soles nacen en la palma de mi mano. El ADN universal surge en cualquier esquina. Los colores. Las líneas de fuga. Los fagots desafinados. Trazos de pincel. Murales. Graffitis. Nuestros cromosomas vuelan como versos a rayas viajando a años luz. 

El azúcar expande nuestro universo. Dos lunas nacen en la palma de tu mano. El ADN universal surge en cualquier esquina. Los sabores. Los espacios vacíos. Las trompetas cacofónicas. Golpes de cincel. Esculturas. Jeroglíficos. Nuestros cosmosomas vuelan como palabras redondas viajando a años luz.

La cápsula del tiempo golpea las constelaciones, y zigzaguea entre las galaxias donde el genoma humano juega y burbujea lleno de alegría.
  
La basura satelital y plástica interfiere en el transcurso de los cúmulos nimbos, listos para llover puntillismos de plata. Las gotas acarician mis pestañas que miran al infinito y boca arriba el maná con forma de tú, se acerca a mis labios húmedos y vibrantes.
 
Vi-bré      Vi-bras-te     Vi-bra-mos.

Tu luna y mi sol entrelazan nuestras manos en mitad de un cielo pop de estrellas fugaces y menguadas. Mientras la cápsula del tiempo estalla en un cóctel de frutas tropicales donde, la paz, el amor y la armonía llegan al planeta rojo después de 100 años en hibernación.