domingo, 30 de junio de 2013

BRANDY JAZZ





La soledad riega de brandy la noche de este domingo sombrío. El lamento de una garganta satinada de blues de luna llena se hace eco en las almas perdidas que pululan invisibles por todos los agujeros de la ciudad. Patios de vecindario ahogados por un grito sordo. Tacones rotos. Botellas vacías. Golpes de culata en la cabeza. Huidas a destiempo. Encuentros inesperados. Roces de bar. Amores de instante. Una acera ensangrentada de reyerta ahora sí de un rojo intenso y más que suficiente alertan al coche azul de la policía. Nadie debería marcharse. Redadas de apartheid a la vuelta de la esquina. Dígame, señor policía, ¿qué es lo que es ilegal? Mientras el hambre escarba en los cubos de basura un trozo de vergüenza al estómago, sea caduco o no, se mendiga un albergue por dignidad. ¿Aún quieres más domingo sombrío? La voz hace un quiebro cuando alguien desde la azotea de un piso aterriza su fracaso en el suelo y se hace añicos la esperanza envuelta en los panfletos de las protestas de todos los benditos días. ¿Hasta cuándo las venas de la ciudad aguantarán tanto declive? Tanto estertor agota la crónica cotidiana del que escribe y la voz de brandy de LadyDay se apaga con el amanecer, aunque no por mucho tiempo, cuando por la noche el blues de cualquier domingo sombrío regrese con su swing desesperado.