domingo, 9 de junio de 2013

SMOG



Inenarrable cómo amaneció Madrid. Una mancha negra cubría toda la ciudad. No se veía ni un claro de luz en el cielo. El embotellamiento de coches era kilométrico y se perdía hasta la entrada de la capital y más allá. Sólo las antenas de los edificios más altos destacaban de entre tanta humareda. ¡Casi no se puede respirar! Protestaba Fiti mientras limpiaba y frotaba un agujero de luz que brillaba con fuerza y del que asomaba una tímida nube. Cuanto más limpiaba, más se quejaba y más amplio se hacía el círculo de luz que adquirió un tamaño importante. Como estaba trabajando en lo alto de una escalera a Fiti se le ocurrió desplazar su cuerpo unos centímetros a su derecha para limpiar mejor. Con tan mala suerte, que la escalera acabó inclinándose de un lado. Los coches pitaban miedosos al creer que el hombre se les venía encima. ¡Se va a caer! ¡Se va a caer! Pero Fiti no entendía nada de lo que decían. Así que interpretó que estaba causando molestias a los usuarios de la autopista. ¡Está bien, ya me voy! ¡Ya me voy! Cuando volvió a su posición normal en la escalera, estuvo a punto de bajarse pero vio que el agujero de luz se volvía más pequeño y optó por estirarse unos centímetros más para limpiarlo. De tan mala fortuna, que la escalera se inclinó hacia el lado izquierdo. Esta vez, los que corrían despavoridos eran los viandantes que estaban cruzando por un paso de cebra, ya que creían que aquel hombre que estaba en las alturas efectivamente se les echaba encima. Como Fiti no escuchaba muy bien lo que le estaban diciendo, pensó que nuevamente estaba estorbando a los peatones. Harto de esta situación, volvió a su posición normal en la escalera. Se puso en jarras mirando a un lado y otro y dijo: ¡Esto lo vamos a arreglar! Y echó el peso de su cuerpo hacia delante con lo que la escalera se curvó hacia donde se encontraban las fábricas que echaban humo por las chimeneas. A continuación, les roció con un líquido muy potente y acto seguido con el trapo fue borrando el contorno de las fábricas, el hollín de las chimeneas y el apestoso smog que tanto trabajo le daba. ¡Arreglado, ahora nadie se quejará! Se incorporó nuevamente en la escalera. En ese momento, el tráfico empezó a fluir rompiéndose el embotellamiento que congestionaba la autopista. Los viandantes que caminaban por el paso de cebra pudieron cruzar tranquilos. Y Fiti muy satisfecho, por fin, se bajó de la escalera.