domingo, 25 de agosto de 2013

MI CAJA DE PANDORA



Afino el lápiz mientras mi trazo en curva hunde el papel en el sofá. Hoy no necesito aciertos melódicos, malabares con las palabras para sorprender a ningún auditorio. Hoy los colores se manifiestan naturales. Y es fácil pintar cada detalle del dibujo. Las pupilas cambiantes de mi gato añaden intensidad al rosa chicle del sombrero de Miss Mab y al azul océano de la corbata de Mister Glup. Difumino a carboncillo el contorno de las figuras y paso el dedo pulgar adquiriendo una mezcla de tonos tan interesantes como desordenados. Miuchi sigue atento, apacible, todos mis pasos, absorto en las formas de las letras que voy dibujando con una plumilla color Burdeos. Cuando termino de redondear la “a”, El Capitán Swing reclama mi atención en otro de mis bocetos. Hago una pequeña inmersión en busca del submarino que está sin colorear y a punto de hundirse lo rescato así, con unas suaves ondas celestes y para que resalte le pinto un brillante color magenta. El periscopio se mueve rastreando nuevos peces alados con matiz de paréntesis, que saben a otras texturas de cuento. Todavía no, Pandora. La caja sigue abierta para los soldaditos de plomo que huyen por el patio de la cocina. Faltan más sinfonías soleadas antes de volver a una aria más gris y otoñal. No, mientras Miuchi juegue con las pinturas de acuarela y la historia de la señora del violín termine cruzándose con el señor del trombón después de una gran fiesta de serpentinas y narices coloradas. No, queda aún fantasía de verano. Deja la caja abierta a la inspiración.