domingo, 1 de diciembre de 2013

HOJAS SECAS



Ha vuelto la magia. El aire se libera, se hace respirable, camino ligero sobre las burbujas de agua que cierran el ciclo convulso de las estrellas. Todo resulta más amable en un mar de zozobras colectivas. Es el último aliento de la derrota que deja abierta la herida del combatiente. El último asalto a la sinrazón y el primer día de nuestras vidas libres del yugo-dólar. Las hojas secas invaden la calzada, apenas lluvia en el suelo, sólo arrastradas en los talones de los pies, que se pegan insistentes como un recuerdo que no quiere irse, que permanece y que más allá de toda lógica se instala en el corazón. Pero ya no es doloroso, se impregna de un eco que regresa como agua fresca y es una línea-estela que dibuja un firmamento distinto. Cuesta quitarle la venda al cinismo y a la mala conciencia. Toca cargar con las miserias y las culpas. Una vez desterrados los ojalás de la solapa de la chaqueta, el camino muchas veces transitado ya no es el habitual, es sólo presente continuo. Inventar(se) un mundo. Con respuestas que sólo creas tú. Construir. Del trueque de nuestras realidades nacerá otra vida. Con muletas, sí. Con deserciones, sí. Con muertos, sí. Hay que aprender que con el poder no se coquetea; sus migajas se pudren cuando se tocan y no son más que cenizas candentes que muy pronto se apagan. Aprende a desconfiar hasta de ti mismo. Un paso atrás y la estocada mortal será definitiva. Todo por hacer. La magia vuelve con los sueños que se perdieron y toman aire al calor de un globo de juventud que te recuerda quién eres. Al bajar los peldaños de la nostalgia-escarlata se abre en carne viva un puente de aluminio que quizá lleve un atisbo de esperanza a un día nublado de parque con aliento de menta fresca. La última lección que te doy es que sigas alzando los brazos hacia el viento, sin bajar la guardia ante la ignominia. Sin rendirte. Que no quede nada de la oscuridad en la que nos quieren sumir.