viernes, 1 de noviembre de 2013

CAPERUZA VERDE




Siguió como si fueran miguitas de pan el sendero de castañas que se encontraban esparcidas en el suelo y como era su costumbre, recién las recogía las guardaba en su cesta de mimbre para no perderse cuando regresara a su cabaña en el bosque de Sherwood. Cada año, por estas mismas fechas iba a visitar a su hermana Caperuza Amarilla que vivía en la ciudad para echarle una mano en su frenesí diario. Caperuza Verde se hospedaba en casa del Lobo Feroz que tenía un piso alquilado en el centro junto con Caperuza Blanca y como tenía mucho tiempo libre, casi todos los miércoles de ese mes, se dirigía a la Casa de los Niños para contarles historias mágicas surgidas de las profundidades del bosque, que se deslizaban como gotas de agua en los oídos de los más pequeños. Hay quien pedía bises y Caperuza Verde con su proverbial sentido de la improvisación inventaba dulces estribillos y cotilleos de duendes que relataba como verdaderos hechos insólitos, dejando con la boca abierta a todos cuantos le escuchaban. Una mañana Caperuza Verde se cruzó en plena calle con un grupo de Caperuzas Rojas que susurraban en comandita algún chismorreo conocido. Caperuza Verde tuvo curiosidad y agudizó el oído: “Estad preparadas. Mañana nos reuniremos aquí a esta misma hora. Mantened el secreto y permaneced unidas. Suerte, compañeras”. Y chocaron sus manos al unísono y se disolvieron, esfumándose sin dejar rastro por los entresijos de la ciudad. Caperuza Verde muy intrigada decidió acudir a la mañana siguiente: “Quizá sea un aquelarre y necesiten mi ayuda”. A esa misma hora, Caperuza Verde llegó puntual a la cita pero no había nadie. A pocos metros de allí, escuchó una sonora pitada y un ruido de huevos rotos. Había una verdadera batalla campal. Caperuza Verde voló literalmente a echar una mano, pero se encontró con la oposición de las Caperuzas Rojas. “Esto no es asunto tuyo, retírate Caperuza Verde! Ya nos encargamos del chambelán de cultura. ¡Nosotras solas nos bastamos, no necesitamos más refuerzos!”. “Pero, ¿por qué? ¿qué es lo que ocurre?”. “El muy canalla nos ha eliminado de los libros de textos ¿Cómo? Ha metido a sus amigos de corbata y a unas pijas de postín y claro nos ha hecho un auténtico block out. Así que retírate que voy a estampar esta tarta de manzana a este impresentable!”. Caperuza Verde entendió que aquello era una injusticia para todos los personajes de cuento pero lejos de amilanarse, ideó un plan. Volvió al sendero por donde había venido y esparció las castañas que le condujeron rápidamente al bosque. Era casi de noche cuando Caperuza Verde se adentró en la gruta del druida, le susurró unas palabras al oído y con su cornamenta de piel de cabra convocó a toda la comunidad. “Corremos grave peligro, ha llegado a mis oídos que un tal chambelán de poco monta quiere barrernos de la faz de la tierra, de la historia y de los sueños de los niños, en definitiva ¡un gañán!. Habrá que ponerse en marcha y actuar con contundencia”. “¡Eso es!”. Jalearon todos. Una sombra oscura invadió el bosque y como una nube negra se precipitó en dirección a la ciudad. La humareda pronosticó un combate desigual pero favorable. El chambelán fue arrastrado en volandas por las brujas que lo ataron al palomayo y lo atormentaron con horrorosos conjuros. Los druidas hicieron desaparecer con abracadabras a los sinvergüenzas encerrándolos en profundas mazmorras a tal fin que no pudieran salir jamás y murieran de inanición. Las Caperuzas Rojas, satisfechas agradecieron a Caperuza Verde la ayuda prestada. Y se disculparon. “No hay de qué, hermanas. El caso es que el peligro ha desaparecido. Si me necesitáis, sabed que estaré en el bosque junto con mi gente. En prenda os dejo unas castañas si sufrís cualquier amenaza, avisadme y acudiré de inmediato”. Esto dijo Caperuza Verde y volvió sobre sus pasos dejando estelas verdes a su regreso al bosque de Sherwood.